sábado, 18 de mayo de 2013

LOS ORÍGENES DEL FLAMENCO

APUNTES SOBRE UNA TEORÍA  (X)

Por Paco Vargas

FANDANGOS ABANDOLAOS

El fandango bailable se hace cante cuando deja de ser colectivo para convertirse en acto individual. Así ocurre con el fandango verdial, de aparición muy anterior al cante flamenco –como ha quedado demostrado-, que los artistas han ido transformando en distintos y variados cantes con sus continuas reinterpretaciones personales. Es decir,  cuando la colectividad deja paso al individuo –condición imprescindible en el cante flamenco- los fandangos verdiales dejan la frontera del folclore para adentrarse en el flamenco. El material para la obra de arte ya está elaborado. Sólo falta el artista que le dé forma.

En este sentido, observamos que a partir de la mitad del XIX los cantes flamencos comienzan a adoptar nombres, asociados generalmente al intérprete que los canta con estilo propio: la denominación local se transforma en nominal, aunque aquella continúe siendo la referencia genérica, por comodidad, más fiable. 

Decimos fandangos de Lucena, aún sabiendo que Dolores la de la Huerta, Rafael Rivas y Cayetano Muriel “Niño de Cabra” fueron sus principales artífices. Decimos fandangos de Granada (de “Graná” sería lo correcto en la usual dicción de la tierra), aunque fuera Frasquito Yerbagüena su principal hacedor y difusor.  También nos puede servir como paradigma el caso de Pepe el de Jun, a través del cual conocemos el conocido como fandango de Güejar Sierra (Granada). 

Algo similar ocurre en Huelva, aunque  en este caso, la fuerza artística de algunos nombres –al margen de su mayor o menor popularidad- ha obligado a reconocerles su autoría: el caso más señalado puede ser el de Paco Toronjo que ha hecho de los fandangos de Alosno, su tierra, una forma personal de entender el fandango y el cante flamenco. No podemos olvidar, empero, cantaores no profesionales que han contribuido a la formación de los más de treinta estilos de Huelva, menos conocidos o prácticamente anónimos, pero igualmente importantes en cuanto a su contribución a la estructuración final de un determinado estilo. Alosno, con su inagotable cantera, sigue sirviéndonos como ejemplo. 

Sin embargo, no es corriente oír en Málaga  “fandangos de Vélez-Málaga”, sino “cantes de Juan Breva” aun sabiendo que lo que hizo el legendario cantaor no fue otra cosa que darles carácter flamenco, que no es poco, a los fandangos folclóricos de Vélez-Málaga. Pero, claro, aquí la razón no necesita de más explicación por evidente.

Dentro de este gran grupo de fandangos abandolaos, primer eslabón de la cadena flamenca, vamos a tratar una serie de estilos, aunque no de manera global, como un todo común, sino atendiendo a las peculiaridades propias de cada uno de ellos incardinados en su entorno etnomusical y asociado al artista que lo “creó”. Así, Almería, Córdoba y Granada serán tratadas de manera diferenciada; mientras que en Málaga asociaremos cada estilo al ámbito local y/o a los artistas que dieron nombre propio al mismo, aunque esta regla no siempre sea exacta por cuanto las condiciones no se dan siempre: en Vélez- Málaga, sus fandangos se asocian a un individuo, Juan Breva, mientras que en el litoral, el jabegote, sigue siendo propiedad de la colectividad. De nuevo estamos ante la dualidad colectividad-individuo, que tan buenos resultados ha dado en Andalucía. Y no solamente en el arte flamenco, sino en otros ámbitos.

En cuanto a su estructura musical y literaria, sólo cabe añadir que conservan la del fandango folclórico del que proceden, cualquiera que sea el estilo que tratemos: el modo musical generalizado es el bimodal, el compás es ternario y las formas métricas se atienen a la composición de la cuarteta o la quintilla, composición que ha quedado como definitiva bien porque la copla conste de cuatro versos y se repita uno, bien porque tenga cinco versos; pero en ambos casos la rima, consonante o asonante, es el del tipo "ababa" (riman los impares y con rima distinta los pares)

FANDANGOS DE MÁLAGA
Los fandangos de Málaga son el jabegote, la rondeña, la jabera y los cantes de Juan Breva.

El cante de los jabegotes o cante de los marengos es originario de los cantos  propios de los pescadores que utilizaban -y aún lo hacen- la barca de jábega que se caracteriza porque su quilla apenas sobresale para poder vararla con más facilidad y destreza, empleada para la pesca de bajura en el litoral malagueño.

El jabegote, como se conoce popularmente, llamado “fandango de Paquillo el del Gas” en Granada, tiene una característica que lo hace inconfundible: su tercer verso o tercio valiente, de notas musicales con agudos muy altos.

La tradición oral ha sido la encargada de transmitirnos su melodía y esta copla de todos conocida:

Se me mojaron las velas
estando la mar en calma
Se me mojaron las velas
Y fue de las puras lágrimas
que yo derramé por ella. (Bis)

 “Juan ha sido calificado por todos los que de él han hablado o escrito como el mayor representante de los cantes marengos. Quienes a él se han referido y las diferentes enciclopedias y publicaciones en las que aparece una reseña sobre él, así lo presentan. Nosotros nos vamos a atrever a decir algo más arriesgado, pero que planteamos como un tema abierto para el debate, abierto a futuras investigaciones que puedan rebatir o consolidar lo que ahora plantearemos (…).” [1] 

La rondeña
Hay evidencias de que la rondeña perteneció al cancionero popular andaluz antes de ser un cante flamenco definitivamente, dándose el caso que durante el siglo XIX se produjo un cierto número de variantes de este canto por toda Andalucía. Y probablemente fuera de ella. El Gran Teatro del Liceo se inauguró con rondeñas, en 1848, según los investigadores Francisco Hidalgo Gómez  y Josep Ache.

Arcadio Larrea sostiene que es el primer fandango andaluz, distinguiéndose de los demás por sus características propias (tercios valientes, rasgos comunes con el polo, etc.). Y no es que sea el primero por ser más grande que otros fandangos del grupo, sino por despegarse de ellos, precisamente, tomando un camino propio. 

Fernando el de Triana incluía la rondeña en el repertorio de Silverio Franconetti, lo cual demuestra que en esa época era tenida como cante de importancia por los cantaores de su tiempo. O porque fuera un estilo demandado por el público que asistía a los espectáculos donde se ofrecía el género flamenco.

Como cante para bailar carecía de un compás marcado que facilitara su expresión como danza flamenca, hasta que Carmen Amaya lo adaptó, cuadrándolo de acuerdo con el ritmo abandolao. De la misma bailaora, parece existir otra versión, la denominada “rondeña minera”, compuesta con Sabicas a partir de Ramón Montoya y un cante que según cuentan cantaba Aniya la de Ronda con ritmo de  taranto, lo cual puede conducirnos a la explicación de por qué Manuel Torre en uno de sus discos graba un taranto con el nombre de rondeña.

Siguiendo con el baile, Estébanez Calderón se refiere a las vueltas y mudanzas del baile de la rondeña, lo que hace pensar que fue género bailable antes de su aflamencamiento, algo demostrado por cuanto el fandango, y la rondeña lo es, comenzó siendo un canto para bailar.

Desde un punto de vista meramente musical, la rondeña pertenece al grupo de los cantes abandolaos. Y frente a estudiosos que sostienen que fue la ciudad de Ronda el origen del nombre de este cante, mantenemos que parece más lógico pensar en las rondas nocturnas como el campo donde nacen sus coplas y su nombre. Así, es conocida por todos la antigua costumbre de rondar a la novia o pretendida y cantarle coplas al pie de la reja con el propósito de agradarle o hacerle saber -el pretendiente— sus intenciones. Claro, que igual que en otros lugares adoptan el gentilicio de la tierra donde se cultivan, en Ronda acaban titulándose rondeñas ya no por su origen musical folclórico sino por el nombre de la ciudad que las convierte definitivamente en cante.

De la rondeña no hay un solo estilo, aunque todas las versiones sean tituladas así. Nosotros, sin embargo, establecemos los siguientes, con estos nombres:

Rondeña natural
Inequívocamente malagueña por sus afinidades con el resto de fandangos abandolaos y claramente de Ronda, por su identificación musical con el polo, Manuel Torre –insistimos- la registró con ese nombre en uno de sus discos, aunque en realidad lo que canta es un taranto, según denominación actual.

En la famosa antología de Hispavox (1954-1958)  aparece grabada por primera vez en la voz de Jacinto Almadén, cantada a ritmo abandolao y con letras que hacen alusión a la antigua costumbre de rondar.

De este estilo es muy conocida esta copla de tema amoroso:

Después de haberme llevao
toa una noche de jarana,
me vengo a purificar
debajo de tu ventana,
como si fuera un altar.

Rondeña al estilo de Rafael Romero “El Gallina”
Es de origen huelvano y así la tienen grabada Beni de Cádiz y el propio cantaor de Andújar, que fue su recreador definitivo. Ambos la tienen registrada como un fandango de Huelva, pero el iliturgitano hace una versión propia amoldándola a sus posibilidades, ya con aire abandolao, y la llama rondeña.

La fuente adonde bebieron parece estar en la cantaora María Heredia, hermana del guitarrista Andrés Heredia, habitual en las grabaciones de Aurelio Sellés. Sin embargo, Benito Rodríguez Rey “El Beni de Cádiz”, me confirmó que él la había aprendido en Huelva, pero que no era igual que la que cantaba Rafael Romero, porque éste se había “inventado” otro cante distinto que “tenía letras muy bonitas que hablaban del campo y de los animalitos”. Con todas las reservas precisas, pues conocemos la fabulosa imaginación del cantaor gaditano –no inferior a la de otros, que todo hay que decirlo-, damos por buena la explicación que nos diera en su día.

Este estilo, menos vivo y valiente aunque más dulce, parece tener todas las características de un cante de transición a caballo entre los primitivos fandangos y los posteriores cantes de Huelva, que antes de tomar carta de naturaleza propia se cantaban acompañados a la guitarra con aire abandolao. Este estilo es, en definitiva, un fandango con identidad propia.

De esta segunda variante, que popularizó Rafael Romero creando escuela, esta copla, que es un precioso canto a la maternidad, nos anuncia su origen rural:

Cazaores de la sierra
a esa liebre no tirarle,
que está buscando en la sierra
madriguera pá ser madre:
Es mu’sagrao lo que encierra.

Rondeña al estilo de Enrique Morente
En una entrevista, para una emisora de la Costa del Sol en la que colaboré durante más de diez años, que le hice a Carmen Linares al final de una magnífica actuación en la Universidad Popular de San Pedro Alcántara (Marbella-Málaga), en la que estuvo acompañada por el guitarrista granadino Paco Cortés, me dijo lo siguiente:

“Esta rondeña es un cante con tono de verdial. Y en honor a la verdad tengo que decir que esa rondeña la puso Enrique Morente para una obra de teatro, “Las arrecogías” (se refiere a “Las arrecogías del beaterio de Santa María Egipciaca” de José Martín Recuerda[2] ). Él me puso ese cante, que es un gran maestro al que yo admiro mucho, y ese cante es suyo. Luego yo lo he cantao y lo he hecho a mi manera. Esos tonos tan bonitos son de Enrique. Lo de rondeña  personal es porque yo le he puesto algo mío”.

La fecha de la entrevista fue el 19 de abril de 1991. Y la respuesta estuvo motivada por una pregunta en la que salió a relucir la “rondeña personal” que había cantado unos meses antes en un programa de TVE 2 llamado –cito de memoria- “La buena música”, dedicado al flamenco en esa ocasión.

La rondeña a la que hacía referencia Carmen Linares es la popularizada con la letra:

“Se quedaron sin caballos
Campos de Ronda la Vieja”
Se quedaron sin caballos
Y sus jinetes pelean
valientes y sin desmayo
Campos de Ronda la Vieja”

Ciertamente, la cantaora de Linares le aporta lo suyo, pero el estilo pertenece al genio creador del granadino. Y así me lo confirmó años más tarde, con esa forma tan sutil e irónica que tenía el maestro de decir las cosas, certificando las palabras de Carmen.

En el disco de 33 r.p.m., titulado “Enrique Morente en la Casa-Museo Federico García Lorca de Fuente Vaqueros”, producido por la Diputación de Granada en 1990, está registrada esta rondeña con dos letras distintas, que son fragmentos de “Yerma” y que en los créditos aparecen como “Canciones de la Romería”. Hay que hacer notar que la música tiene aires de Huelva tanto en la segunda como en la primera, cuya letra dice así:

La esposa triste se bañaba
en el río de la sierra
Por el cuerpo le subía
los caracoles del agua,
la arena de la orilla

La jabera[3] parece tener su origen —esa es la creencia general en Málaga— en los pregones que se cantaban a finales del siglo XIX y posterior, época en la que era habitual pregonar una determinada mercancía –habas secas para el ganado, en este caso— utilizando como medio los cantes de la tierra. La tan conocida copla que se canta, aún hoy, por jaberas parece confirmar esta teoría:

Dos hermanas, dos mozuelas,
del barrio la Triniá,
pregonaban por jaberas.
Y desde entonces p’acá,
las canta Málaga entera

Alfredo Arrebola[4] cree que proviene de unas canciones populares del siglo XIX y opina que "la jabera es un cante un tanto misterioso, porque su nacimiento no coincide ni es coetáneo con la malagueña, sino todo lo contrario: se diferencia y, además, es anterior históricamente. Pero queda algo en claro: que está en la misma flamenca familia, esto es, el fandango abandolao. Es un cante que empieza en él y en él termina. Tiene, pues, su personalidad perfectamente definida”.

Pero la historia escrita nos dice otra cosa. De su antigüedad nos habla Serafín Estébanez Calderón “El Solitario”[5] en su escrito Asamblea General, aparecido en las páginas de “El Siglo Pintoresco” en noviembre de 1845.Y dice:... “Entre las cosas que cantó —refiriéndose a La Dolores— dos de ellas sobre todo fueron alabadas. Érase una la malagueña por el estilo de La Jabera (. . .). Cuántos habían oído a La Jabera todos a una la dieron en esto el triunfo y decían y aseguraban que lo que cantó la gitanilla no fue la malagueña de aquella célebre cantaora, sino otra cosa nueva con diversa entonación, con distinta caída y de mayor dificultad, y que por el nombre de quien con tal gracia la entonaba, pudiera llamársela Dolora”...

La jabera ha ido evolucionando con el tiempo, pero esa evolución no ha hecho sino ir conformándola como un cante con características propias que se aparta del camino natural que acaba en la malagueña. Es cante eminentemente urbano, restringido a la ciudad de Málaga y más concretamente al barrio de la Trinidad, donde nace y del que es probable que no saliera nunca. Así lo dice la copla:

Cuántos paseos me debes,
 barrio de la Triniá
 Cuántas veces m’han tapao
 la sombra de tus paeres,
las tejas de tus tejaos,
 barrio de la Triniá

 La jabera presenta enormes dificultades a la hora de cantarla. Sus seis tercios ligados con altos y bajos que se suceden continuamente requieren del cantaor fuerza y fuelle, a la vez que un exacto conocimiento de este cante. Se caracteriza porque tiene un final en el que la voz parece que se agota o da la sensación de que se rompe. Para cantar la jabera se utiliza una copla de cuatro o cinco versos octosílabos, propia de los fandangos, de la que se repite, al final, uno de ellos. Es un cante que no se ajusta necesariamente  a la medida de un compás[6] y ofrece grandes posibilidades de interpretación, pues su riqueza en melismas posibilita el lucimiento del cantaor que, si tiene las facultades precisas, puede alargar los tercios a su gusto. Es, quizá, uno de los cantes con los tercios más largos, adimentados con toda clase de floreos, arabescos y ornamentaciones canoras. No presenta variantes personales, siendo su estilo único; si acaso, la diferencia la marca el artista a la hora de cantarla. José Blas Vega le atribuye "rasgos especiales, como sus cadencias, sus tonalidades y sus tercios ligados".

Tal vez por todas estas razones, estuvo durante mucho tiempo metida en el baúl de los recuerdos hasta que Victoriano Gamoneda Ballester “Niño de Málaga” la grabara en la Antología del Cante Flamenco  publicada en 1954; aunque antes, El Mochuelo, El Chata de Vicálvaro, El Chato de Jerez, El Mimi, El Canario de Madrid y, por supuesto, los cantaores locales la llevaban su repertorio[7]. Muchos años después, Carmen Linares la grabó[8], con la letra “En el corazón te llevo…”, como “Malagueña de la Jabera” acompañada por Perico el del Lunar (Hijo).

Los fandangos que cantaba Juan Breva son diferentes a todos los demás cantes del grupo. Sin embargo, esto es así no porque la tierra donde naciera Antonio Ortega Escalona les imprimiera carácter propio —aunque es de suponer que algo les aportaría en su raíz—, sino porque él, con su personalísima forma de cantar, les dio un empaque y una categoría flamenca que los fandangos de Vélez-Málaga no tenían. Hasta el punto, que desde que el cantaor veleño les inyectara su sangre cantaora, cante y cantaor se fundieron en un todo pleno de tercios vivos y duros para dar un cante nuevo: los Cantes de Juan Breva.

De dichos cantes no se puede negar la influencia en determinados estilos de malagueñas, tal y como los conocemos en la actualidad. Y, sin embargo, contrariamente a la denominación de los cantes en el primero y quinto discos de los que grabó (International Zonophone Company. N9 matriz: 16.128—16.129—16.137), no se puede hablar de malagueñas de Juan Breva porque éste no las creó; aunque bien pudiera haberlo hecho pues parte de su vida artística y el nacimiento del cante por malagueñas coinciden en el tiempo.

Sus cualidades canoras y probada capacidad musical para éste y otro tipo de cantes están fuera de toda duda; y, además, cuando graba en 1910, la estructura musical de la malagueña está hecha; la prueba es que dos años antes Sebastián “EL Pena” graba malagueñas y hace referencia a sus creadores en la misma grabación.

De sus cantes, tres estilos parecen ser los más representativos, aunque entre ellos apenas si existe la diferencia expresiva que le aporta el cantaor en cada momento, que aún hoy se cantan con estas coplas:

Ni el canario más sonoro,
ni la fuente más risueña,
ni la tórtola en su breña,
 cantarán, como lloro,
gotas de sangre por ella.

Tienes tan malas entrañas
 que gozas en mi agonía,
pero el día llegará
que, llorando noche y día,
me has de venir a buscar.

En la Cala hay una fiesta,
 mi mare me va a llevar.
Y como iré tan compuesta
 me sacarán a bailar.
Llevo yo mis castañetas.

Además de los citados, que se pueden escuchar con esas u otras letras, netamente suyos, hay que hacer mención especialmente a un estilo de fandango abandolao, conocido como “fandango de Frasquito Yerbabuena”, que en realidad tiene todas las características que adornan los cantes de Juan Breva. Quizá lo correcto sería decir: “Fandango de Juan Breva, según Frasquito Yerbabuena, en versión de (póngase aquí el nombre de alguno de los muchos artistas que lo han cantado y lo cantan, empezando por Manuel Celestino Cobos “Cobitos” y acabando por Enrique Morente)”.

Como hemos dicho, el eslabón de sus fandangos es determinante en la cadena que acaba en la malagueña; pero hay un caso clarísimo que corrobora definitivamente lo dicho: el estilo conocido como “malagueña de El Niño Vélez”, probablemente la última creación verdadera que se ha dado en el cante por malagueñas. 


NOTAS


[1] En el libro “El Niño de Las Moras: entre la mar y el campo”  se recogen los argumentos que dan sus autores, Miguel López Castro y Manuel Ternero Lupiáñez, a favor de este fandango abandolao y de su recreador, conservador y difusor “El Niño de las Moras”.

[2] José Martín Recuerda (Granada, 17 de junio de 1926 - Motril, 8 de junio de 2007)  Narrador y dramaturgo, fue licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Granada,  ejerciendo la docencia tanto en Granada (Instituto Padre Suárez) como posteriormente en Madrid y Barcelona. Entre sus obras más importantes cabe destacar: La llanura, Las ilusiones de las hermanas viajeras, El teatrito de don Ramón, ¿Quién quiere una copla del arcipreste de Hita?, Las arrecogías del beaterio de Santa María Egipcíaca, Las conversiones, El carnaval de un reino, La Troski, La cicatriz, El Amad's, Una tienda junto al agua, El lenguaje de las fuentes, Marea oculta, La vida nueva, El pequeño heredero  y Las historias de Marta y Fernando. En 1966 se exilió voluntariamente de España y residió primero en París, ejerciendo como profesor en la universidad de La Sorbona y más tarde en Estados Unidos, país en el que impartió sus enseñanzas en la Universidad de Washington y en el Humbolt State College, de California.

[3] El nombre “jabera” parece tener su origen en la deformación fonética del habla andaluza que al aspirar la “h” la convierte en “j”: así, “habas” se convierte en “jabas” y, por derivación, “habera” en “jabera”. Hipólito Rossy, sin embargo, considera más lógica la explicación de este nombre que da un prestigioso jurista y aficionado malagueño, Miguel Fenech, quien afirma que "jabera" viene de "jabega", que es como se llama en Málaga una barca de pesca a remo que tripulan los marengos o pescadores de bajura, lo cual nos conduce a relacionar este palo con el jabegote.

[4] “Cantes Preflamencos y Flamencos de Málaga”. Alfredo Arrebola. Universidad de Málaga, 1985

[5] Gerhard Steingress dice: “La malagueña cantada por la gitanilla no fue un canto folclórico, sino un cante individualmente elaborado por una cantadora llamada Jabera e interpretado de manera distinta por la gitana”. “Sociología del Cante Flamenco”. Signatura Ediciones. Sevilla. 2005

[6] Se puede cantar “ad libitum” o siguiendo la medida del compás de 3x4. La jabera tiene una estructura armónica basada en la alternancia (tonal-mayor) con “ritornellos” instrumentales (modal-cadencia andaluza).

[7]Ricardo Molina y Antonio Mairena,  en “Mundo y Formas del Cante Flamenco”, dicen:  “Su mundo espiritual carece de personalidad (…) Ningún cantaor de jaberas ha conquistado puesto distinguido en la historia del arte flamenco”

[8] “Carmen Linares en antología. La mujer en el cante”. PolyGram Ibérica S. A. 1996.